sábado, 6 de febrero de 2010

El tigre el domador y la novia (capítulo III)

Aunque el capítulo I y II están publicados en notas anteriores, voy a hacer como los culebrones que ponen un resumen de lo anteriormente acontecido en esta historia.

Jorge y Leticia son una pareja a la que el padre de ella sólo les impuso una condición para casarse y es que fueran a hacer los ejercicios prematrimoniales al Burguillo del Buen Camino. Allí se dirigieron a ver al cura y se encontraron con un pueblo que sólo tenía dos cosas que destacar su iglesia y el único circo en cientos de kilómetros a la redonda.
Pero la sorpresa consiste en que el cura (el padre Chano), un tipo cachondo y estrafalario es al mismo tiempo omador de tigres y director del circo. El padre Chano y Casilda su "sacristana" tras ponerlos en serios aprietos con sus bromas y chanzas les citan para el cursillo prematrimonial que se celebra un fin de semana.
Cuando llegan al pueblo un viernes para iniciar el cursillo se encuentran con la parada circense y al padre Chano al frente vestido de domador con sombrero de copa y alzacuellos. Pero aún más sorprendente la visión de una gorda Casilda vestida de hada madrina de La Cenicienta esperándolos a la entrada del circo. Los llevan dentro y el padre Chano y Casilda les informan del procedimiento que van a seguir ese fin de semana, a Jorge se lo lleva Casilda por un extremo con la encomienda de ser poco menos que su esclavo durante todo el fin de semana en el que no podrá ver a Leticia. Leticia por su parte se va con el cura con la prohibición de rechistar.

Este tercer capítulo comienza justo después de despedirse compungidos y es la historia de Jorge.



Capítulo 3
La iniciación del novio


Casilda se llevó del brazo a Jorge hacia la salida de la derecha mientras éste miraba por encima del hombro y veía al padre Chano llevarse a su amada hacia una salida al otro extremo de la carpa. Entraron a una carpa más pequeña donde un grupo de ruidosos payasos, titiriteros y malabaristas ensayaban sus números formando una estridente cacofonía de voces y actividades diversas. Al verle entrar, los payasos agarraron a Jorge y elevándolo lo llevaron en volandas a un enorme camerino/vestidor lleno armarios y percheros con cientos de ropajes y disfraces diversos. Casilda que los seguía les dio una orden y se dispersaron quedándose a solas con él.
Se sentó en una silla y le dijo:
- Bueno Jorge, ahora empieza lo bueno. ¿Recuerdas que te comprometiste a obedecer sin rechistar verdad?
- Sí
- Y también recuerdas que debes tener confianza en que el tratamiento que te vamos a dar es por tu bien. A partir de ahora habrá muchas cosas que no te van a gustar, otras te parecerán disparatadas y algunas te harán enfurecer. Sólo te voy a dar un consejo: pase lo que pase, no pierdas el control y sobre todo no te rindas que el cielo es el premio.
- Vale. (lo dijo más resignado que de acuerdo)
Casilda se dirigió a uno de los grandes armarios y empezó a sacar ropas de colores chillones hasta que finalmente se quedó con unas cuantas prendas que le pasó diciéndole:
- ¡Hala! acostúmbrate a tu nuevo uniforme
Jorge vio horrorizado que le estaba pasando un enorme traje amarillo con topos rojos unas enormes bragas de encaje blanco, sujetador talla ciento cincuenta y lo que parecía ser una especie de peluca con peineta y unos zapatos rojos de tacón que le recordaron los de una bailaora flamenca.
- ¡Anda ya! ¿¡No pretenderás que me ponga eso!?
- Por supuesto que sí, no sólo lo pretendo sino que lo vas a hacer. Ahora vienen a ayudarte a vestirte.
- Pero… no me puedes obligar. –entre suplicante y rabioso-
- Jajaja ¿Qué parte de “me perteneces” no entendiste bien? Y además ya sabes que esto es o sí o adiós. Tú sabrás lo que haces.
Jorge la miraba con odio, recordando la promesa que le había hecho a su suegro. Una vez más cedió aunque sentía cómo una furia interna iba creciéndole dentro.
- ¡Ay! Míralo a él que rabiosito está mi tigre. –carcajeaba Casilda tomándole el pelo- Pero no te preocupes que pronto serás un minino.
Uniendo dos dedos se los posó en los labios y profirió fuerte silbido, señal que debían estar esperando los doce payasos que entraron corriendo, empujándose unos a otros. Una vez más se abalanzaron sobre Jorge y sin que éste pudiera hacer nada lo desnudaron. Lo vistieron con las ropas que Casilda le había preparado, añadiéndole unos grandes rellenos que le pusieron dentro de las bragas a modo de culo postizo y unas enormes tetas de pezones grandes y saltones. Además de la peluca y la peineta añadieron unos grandes aretes a modo de pendientes y unos collares como abalorios. Una vez terminada la obra lo llevaron a una silla y obligaron a sentarse, al apoyar las posaderas la prótesis emitió un tremendo sonido de pedorreta. Todos empezaron a revolcarse por el suelo entre carcajadas mientras Jorge cada vez más amulado se sentía el ser más desgraciado de la tierra.
Uno con la nariz roja se le acercó mientras le decía: pero que guapa está nuestra Georgina y alargó la mano dándole un pellizco al pezón que soltó un fuerte pitido que hizo las delicias una vez más de los presentes. Terminaron maquillándole unos grandes labios rojos, le pusieron unas larguísimas pestañas postizas y lo sacaron para que Casilda diera su visto bueno.
- ¡Pero si estás guapísima Georgina! –exclamó al verla-
- Grrr –respondió Jorge que le había cogido una manía que no podía ni verla-
- Bueno ya sabéis que hacer con él hasta mañana. Y tú Georgina, recuerda, controla tu genio que tu futuro depende de estos payasos que se quieren divertir contigo. Haz lo que te digan sin rechistar.
- Ya me conozco el cuento no te preocupes –respondió serio como si estuviera en el cuartel, tratando de controlar su inmenso sentido del ridículo-
Casilda se marchó y Jorge quedó a merced de aquellos salvajes que no hacían más que gastarle bromas, tocarle el culo para que le peara pellizcarle las tetas para que le pitaran y todo tipo de escarnios y bromas pesadas. Le dieron una escoba y lo hicieron barrer toda la pista central mientras los doce se desternillaban detrás remedando sus gestos. De vez en cuando venía uno y le daba una patada en el culo, o le hacía cualquier otra perrería. A las tres horas no podía más. Fue entonces cuando apareció Rodri, ya saben el payaso listo que siempre hay en la troup y que va vestido de blanco y es el jefe.
- Pero que le estáis haciendo a la pobre chica gritó apartándolos de él. ¡No veis que está indefensa?
- Pero… es nuestra criada y con ella hacemos lo que queramos -dijo uno de los enanos cogiéndole el culo y haciéndolo sonar- ¿ves? además es una guarra, no una señorita –la hilaridad se contagió entre ellos una vez más-
- ¡Venga, venga, dejadla en paz de una vez. Ven aquí mi niña que te voy a llevar a cenar lejos de todos estos salvajes. -Extendiendo una mano hacia Jorge que ni él supo por qué la cogió. Al hacerlo sintió un fuerte corrientazo que le atravesó hasta el codo, lo que provocó un nuevo escándalo de risas.
- ¡Hijoputa! –chillo Jorge y cuando se iba a abalanzar sobre Rodri le tiraron un barreño de agua helada que le enfrió los ánimos. Y calentaron las risotadas.
Desesperado se dejó caer de culo al suelo y la gran pedorreta retumbó por toda la carpa, en ese momento ya no eran sólo los payasos sino casi todos los integrantes del circo (que sin darse cuenta se habían reunido alrededor de la pista) los que se reían desaforadamente. Jorge se sentía mal, ridículo, mojado, cansado y su rabia había dado paso a una incomprensible tristeza que sentía que de alguna manera lo alejaba de sí mismo. Algo se le estaba rompiendo por dentro. Pero mientras más triste se sentía y más ganas de llorar tenía, más alto se reían todos. Cada gesto provocaba una nueva carcajada, lo miraban como esperando a que reaccionase, pero por primera vez se dio cuenta de que no sabía que hacer. Se sumió en una especie de oscuridad y se retiró a ella sin que nada de lo de fuera le importase o afectase. Perdió conciencia del tiempo y cuando recobró el dominio de sí mismo se cuenta de que se había quedado solo y que era de noche. Se levantó despacio, tenía hambre y estaba helado de frío con todos los ropajes mojados. Se arrastró hacia el reborde de luz donde imaginó que debía estar la salida y detrás oyó voces, al apartar la lona, se deslumbró con la luz que provenía de las fogatas encendidas junto a varias de las carrozas del circo. Alrededor de los fuegos empezaba a congregarse gente. Rodri, al percatarse de su llegada se acercó a él.
- Buena actuación Georgina, estás más cerca de lo que pensamos al conocerte
- ¿Más cerca de qué?
- Bueno, aún es pronto, pero ya lo sabrás, ahora vete a cambiarte y ponte guapa que esta noche hay baile.
- ¿Pero todavía hay más? –desesperado- y ¡joder, ya está bien con la broma de Georgina!
- Jajaja ¡pero si esto no ha hecho más que empezar! Además el nombre te queda bonito. Vete a la tienda de las mujeres que te están esperando para vestirte. Es aquella roja de allí – le dijo señalándole una de las pocas construcciones de piedra del circo, una casona roja de altos tejados de teja y grandes puertas de madera verde-
- Uffff, vale –una vez más con resignación-

Cuando llegó a la puerta de la casona Jorge respiró hondo y escuchó el ruido de risas y conversaciones que venía del interior, cuando iba a tocar la puerta se dio cuenta de que estaba abierta, así que la empujó y se introdujo en una gran sala con una pared llena de espejos cada uno con una banqueta y una mesa llena de productos de maquillaje. Por la sala pululaban mujeres medio desnudas que al percatarse de su presencia cesaron las conversaciones y le sonrieron sin hacer el mínimo ademán de tapar sus desnudeces. Una de las preciosas odaliscas que había visto sobre un elefante en la parada del circo, se acercó a él, enseñando mucho más de su cuerpo de lo que él consideraba ajustado al recato.
- ¡Pero mira quien está aquí chicas! Es la nueva, pero… ¡por dios traes un aspecto horrible!
Jorge que aún no se había visto se miró a un espejo y efectivamente su aspecto era horrorosamente patético, la peluca de medio lado, había perdido una de las pestañas postizas, el maquillaje todo corrido por la cara, se le había pinchado una de las tetas postizas y el culo se le había caído. Súmenle eso a los ropajes mojados y sí la imagen era representativa de su propio estado anímico. Absorto en sus pensamientos no se dio cuenta de que varias de las chicas se le habían acercado y lo empezaban a empujar en dirección a los baños. Y empezaban a quitarle las ropas y todo lo que llevaba encima.
- ¡Eh! ¡Que hacéis! –gritó entre sorprendido e indignado-
- Nada Georgina, prepararte para el baile, que los caballeros que te esperan te quieren guapa y atractiva.
Ya sólo le quedaban las grandes bragas sujetas por los restos de su culo postizo. Se revolvió y de un grito dijo:
- ¡Basta! ¡Esto lo sé hacer sin ayuda!
y se metió corriendo en una de las duchas cerrándose por dentro. Una vez solo, respiró profundamente por primera vez desde que llegaron a aquella loquera. Dejó que el agua corriera, al principio tibia, luego cada vez más fría hasta que dejó que el agua helada de la sierra le lamiera el cuerpo y la cabeza hasta que se le enfriaron las ideas. Estuvo mucho rato dentro de la ducha, pensando en escapar, en cortar por lo sano en mandarlo todo al demonio, pero… los dulces ojos de su Leticia, con la súplica de que aguantara por ella le asaltaban una y otra vez. ¡Ay Leti! Pensó finalmente, pocos hombres han hecho tanto por una mujer en una sola tarde. Fue entonces cuando cerró el grifo dispuesto a seguir con su suplicio cuando se dio cuenta de que no había llevado toalla y que la única prenda que había llevado hasta la ducha la había tirado fuera. Abrió lentamente la puerta mirando por la rendija y esperando que no hubiera nadie en ese momento y soñando con una toalla colgada de algún perchero. Pero… no, Claro, si es que en aquel circo no podía ser de otra manera… veinte mujeres lo esperaban en silencio detrás de la puerta y en cuanto la abrió…ya las tenía a todas encima gritando.
- ¡Venga niña! ¡Date prisa que los hombres nos esperan impacientes y todavía tenemos que vestirte!
- Él se iba tapando como podía sus vergüenzas mientras ellas ni se inmutaban por su desnudez y lo empujaban a la sala de los espejos.
De algún lado salió una toalla y veinte manos empezaron a frotarlo y a secarlo, hasta en sitios donde nadie más que el debía frotar. Involuntariamente sufrió una exagerada erección que dado el tamaño de sus atributos era imposible de esconder. Pero allí no se inmutaba nadie. De pronto aparecieron unas bragas nuevas que agradeció por dentro, sin saber cómo las hábiles manos de aquellas mujeres lo estaban vistiendo a toda prisa, lo sentaron en un sillón y comenzaron a maquillarlo, le pusieron la peluca y…
- A ver… levántate para que te veamos bien.
Se levantó y se quedó sorprendido frente al espejo, ya no tenía una imagen grotesca. A pesar de su altura y su nariz de boxeador, parecía más un travesti buscando plan que un payaso. Aquello lo asustó aún más si cabe, las tetas postizas ya no eran enormes globos sino unas prótesis de tamaño normal. El culo postizo, ya no hacía ruido y era apenas para darle forma de mujer. Se miró con cara de horror.
- ¡Joder! ¡Pero esto es una mariconada ya está bien!
- Shhhhh ¡silencio y no digas palabrotas! –dijo una voz que conocía muy bien tras él-
- ¡Tú!
- ¡Sí, yo! ¡tu dueña por si no lo recordabas! –respondió Casilda- y ahora vamos que nos están esperando para la cena.

1 comentario:

Alan dijo...

Primo, imagino que andas escaso de tiempo. Pero ya va siendo hora de una nueva entrega del tigre, domador y la novia. Abrazos, Alan