martes, 2 de febrero de 2010

El agujero negro y humeante...


Antonio, sentado a su escritorio, miraba la pantalla de su ordenador, una impoluta hoja en blanco de Microsoft Word, sólo el puñetero y parpadeante cursor negro le recordaba, una vez cada medio segundo, que no había escrito una sola palabra en las últimas tres horas. Hipnotizado contaba las pulsaciones y al llegar ciento ochenta y tantos su mente se negaba a continuar y se perdía en un vacío insulso, sin ensoñaciones, simplemente era la nada.
Finalmente apartó la mirada de la pantalla, miró la pistola, único objeto que junto al teclado y el ratón convivía en su mesa vacía. Miró el agujero negro que le quedaba de frente encañonándolo, su mirada se perdió en él llena de tentaciones. No, no era desesperación, más bien era… ¿cómo explicarlo?...sí, era un simple dejarse ir, como una hoja empujada por el aire sin voluntad propia, sólo esperando una nueva ráfaga de viento para llegar a otro sitio. Así lo sentía Antonio en aquél momento, aunque en el fondo, no sabía si era aire u hoja. Acercó la mano a la pistola, lentamente la cogió por la culata, la levantó sintiendo su peso equilibrado, metió el dedo en el gatillo, apuntó directamente a su boca, pero se arrepintió y cambió la posición apuntando desde abajo, con el cañón junto a la barbilla en dirección a su ojo izquierdo. De reojo veía el agujero negro, muy negro y dejó de resistirse… apretó el gatillo apresuradamente, sin apartar la vista, quería ver el fogonazo. La chispa encendió y la llamarada salió. Le pareció que todo ocurría a cámara lenta, vio salir el fuego, la llama se mantuvo amarilla con el tronco azulado, acercó el cigarrillo con desesperación, lo encendió, aspiró hondo, sintió el humo entrando en sus pulmones y reconfortado por fin tras tantas horas desesperado e “ininspirado”, miró la pantalla feliz y gritó: ¡¡MARUJAAAA tráeme el cenicero coño que tengo que escribir la columna!!

Juan Carlos Domínguez Siemens

1 comentario:

pupenka dijo...

Aplausos desde Argentina! el final me mató!