miércoles, 22 de mayo de 2013

Lectura en el funeral de Quique Bruquetas


Ayer, día 21 de Mayo de 2013 fue la misa funeral por el alma de Quique Bruquetas. Este escrito fue leído al final de la misa.

Uno se da cuenta de que se está haciendo mayor porque cada año que pasa son más los velatorios, entierros y funerales a los que asiste. Y cada año que pasa son más jóvenes los que se mueren... o al menos eso nos parece.

Hoy estamos aquí por Quique Bruquetas, mi cuñado. Y aunque sé que todos los presentes lo conocían y podrían subir aquí a contar anécdotas sobre Quique, intentaré ser yo el que con estas breves palabras intente hacer un retrato que se asemeje lo suficiente a quién fue, como para que todos lo puedan reconocer.

Quique era una persona especial, muy especial, tanto que cuando Dios quiso llevárselo envió un mensajero en forma de pájaro blanco que entró en su estudio mientras trabajaba. Esa fue su última y maravillosa fotografía que dejó para la posteridad.
De quique se pueden decir muchas cosas. De su alegría. De su sonrisa. De sus bromas. De su constante buen humor...

Porque Quique era el centro de un mundo amplio que giraba alrededor de él. Un mundo cuyo epicentro estaba en su estudio en Mesa y López, por donde amigos, conocidos y parientes paraban a tomar café a cualquier hora de la mañana o de la tarde, o el cubatita en la tarde noche.

Todos los que a él acudíamos sabíamos que íbamos a encontrar una sonrisa que nos aliviaría del agobio del día, una palabra amable, una palmadita en la espalda o un abrazo. Porque Quique era así. La personificación de la bonhomía, que según el diccionario significa: Afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento. Todas cualidades que portó en su personalidad.

Pero seguro que si hiciéramos una encuesta entre todas las personas que lo conocieron durante su vida y preguntáramos que frase definiría mejor su personalidad, ganaría: "QUIQUE ERA UNA PERSONA CON LA QUE SE PODÍA CONTAR"

Y quizás es una de las cosas más bonitas que se pueden decir de alguien, porque si revisamos nuestro entorno con sinceridad, nos daremos cuenta de que nuestro mundo está lleno de conocidos y amistades, pero amigos hay pocos y con los que se pueden contar... nos suelen sobrar dedos de una mano.

Y es por eso por lo que va a dejar un hueco y un gran vacío en tantas personas que lo quisimos, porque ya no podremos contar con él. Sobre todo en Lusaro, su mujer y sus hijos Álvaro y Lorena. Pero ese hueco seguro que quedará siempre relleno con su luz.

Cuando uno va a muchas misas de funerales, se da cuenta de que a pesar de ser momentos dolorosos para la familia y los amigos, el cura nos recuerda que para el cristiano, la muerte es un momento de alegría por el reencuentro con el Padre y la promesa de la vida eterna.

Y Quique era lo que yo entiendo como ser un buen cristiano, porque ser un buen cristiano no es ir a misa los domingos y darse golpes de pecho. Ni predicar sin dar trigo. Y Quique no se dedicó nunca a predicar ni a dar consejos, Quique vivió la vida dando ejemplo, siendo él mismo.

Quique sufrió un accidente de moto a los 18 años que le obligó a una larga y dolorosa rehabilitación y a soportar el resto de su vida una prótesis de cadera y una cojera de la que pocos se daban cuenta ya. Pero en su dolor, durante su larga estancia en el hospital, animaba a los demás, a su madre, a sus hermanos y amigos, porque así era él. Incluso logró que caminara más de uno que ni médicos ni fisios lograban que se levantara de la cama. 

Porque nunca en su vida temió el dolor ni se escondió del sufrimiento, por eso no tenía problemas en acercarse y empatizar con el que sufre.

Y aquí voy a hacer un inciso.

No es mi primera lectura ni escrito de funeral, para mí es importante que alguien hable de la persona que se va de la forma más realista posible. Siempre después de enumerar las virtudes, también intento compensar con los defectos. Pues todos tenemos defectos y todos en vida hacemos pequeñas o grandes maldades que no pueden ser pasadas por alto. Es más, no deben ser pasadas por alto, pues es importante a la hora de la muerte: el perdón.

Pero con Quique me ha ocurrido una cosa extraña, no los encontré, o se me pasaron por alto, o puede ser que los haya expiado todos.

Porque revisando los casi cuarenta años que hace que lo conozco, no recuerdo una sola vez que me haya hablado mal de alguien, no recuerdo ni una sola vez haberlo visto cabreado con alguien, que le haya dado a alguien una mala contestación o que se haya peleado o envidiado. Quizás podríamos decir que su defecto era ser demasiado buena persona y que se lo tragaba todo por dentro.

¿Pero es eso un defecto?... No lo sé. 

Lo que sí sé es que mi cuñado Quique tuvo un sueño. En ese sueño abría un libro viejo de su suegro, que describía cosas de Sudamérica y cuando abría las páginas él podía oír y sentir lo que el libro describía. El sonido de los pájaros o los gritos de la selva, etc. 

En su sueño, al principio era sólo él el que lo oía, pero al final de su sueño mientras sonaba la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antón Dvorak, abrió el libro por última vez y se dio cuenta de que no estaba solo, que muchas otras personas se volvían a reclamar silencio.

Quique, hoy no estás solo, pues como en tu sueño, muchos de los aquí sentados sentiremos tu presencia y ojalá algo de tu ejemplo haya calado en todos nosotros.

Quique. Amigo. Cuñado. Sabes que eres el hermano preferido de tus hermanos, que tus amigos siempre tendrán tu cubatita preparado en la mesa y que te echaremos de menos en las bruquetadas. 

Hasta siempre.

Juan Carlos Domínguez Siemens

1 comentario:

Rafael de Los Reyes Santana Rodríguez dijo...

Juan Carlos, como te dije el día de la misa, has clavado el discurso, tengo que decir a los cuatro vientos, coño, no le tocaba, teníamos que hacer unas cuantas cosas juntos y disfrutarlas con los amigos y su tribu, tengo un cabreo sordo.
Siempre su amigo.

Rafa