martes, 9 de diciembre de 2008

Mi abuelo Lothar Siemens

El viernes, con ciento un años, murió mi ultimo abuelo vivo, mi abuelo Lothar.

He pensado en qué escribir acerca de él, que decir en estos momentos y reconozco que no me es fácil.

Quizás la palabra que mejor definía a mi abuelo, es que era un hombre íntegro. Su palabra valía oro, nunca en su vida la rompió. No creía en lujos innecesarios y vivía sobriamente. Fue un hombre de una educación exquisita, disciplinado y metódico.

Al repetir sus rutinas diariamente con puntualidad de reloj suizo, los vecinos de su casa y del negocio, acostumbraban a poner el reloj en hora, por sus "ires" y "venires" pues sabían que Don Lothar no salía ni entraba nunca antes o después de la hora.

Fue también un hombre estricto y exigente, pues a los demás les exigía lo mismo que se exigía él mismo. A veces fue duro con el cumplimiento de las reglas, pero siempre fue justo y compensó su fuerte carácter con un gran sentido del humor.

Fue un empresario con una gran visión para los negocios, prácticamente lo que tocaba se convertía en oro. Recuerdo que en los años ochenta me decía que la clave del negocio estaba en la confianza mutua, que era algo que sólo se podía conseguir a base de honestidad. Me contaba que su mayor logro era conseguir que los clientes supieran que tenían siempre el mejor precio sin necesidad de negociarlo.

Tenía un humor muy canario y socarrón y para todo tenía un refrán o un adagio alemán. De las muchas frases que recuerdo repetía con frecuencia, me quedo con estas dos: "nunca muerdas la mano que te da de comer" y "las mentiras tienen las patas cortas" (en España decimos que se coge antes a un mentiroso que a un cojo).

Gracias a su excelente sentido del humor, cuando a la vejez empezó a perder oído y escuchaba cosas sin sentido, cuando se le sacaba de su error, en lugar de enfadarse se partía de la risa.

En sus últimos años de vida, sin prácticamente vista ni oído, ensimismado en su mundo, cuando lograbas comunicarte con él te respondía en verso, imagino que lo haría como método para ejercitar su cabeza. Porque ya no tenía memoria y él decía que tenía un agujero por el que se le iban todos los pensamientos.

Pero mantenía intacta su inteligencia y su educación, pues los tres o cuatro minutos que tenía de memoria inmediata, lograba incluso hacer cálculos mentales o hacer juicios de valor sobre lo que hablabas, a partir de ahí, la conversación volvía al principio.

Los últimos años, traté de engañarle y cada vez que iba a verlo y me recibía amable y educadamente, yo le decía que era su nieto "Juanca", <<su preferido>>, él me miraba muy serio y me decía: ¿Y cómo lo sabes? cuando yo le respondía que porque él me lo había dicho, me miraba ladeando la cabeza y con gesto de no creérselo en los labios y miraba hacia otro lado. Entonces yo le decía que era igual, porque él si era mi abuelo preferido, pero esto tampoco colaba porque me respondía que eso era porque era mi único abuelo. Esta conversación tal cual la cuento tuvo lugar durante los últimos cinco años infinidad de veces y nunca me respondió de manera diferente, lo cual indica que siempre tuvo una sola palabra y forma de pensar, hasta el final de sus días.

La última vez que lo vi mas o menos lúcido, hará tres semanas, se repitió la conversación y como siempre hacía, cuando me despedía le di un abrazo, un beso y le dije al oído "te quiero abuelo", él como siempre se iluminó azorado y me dijo en verso:

Te "recipróco", que no es poco

Y con eso me quedo, con ese reciproco, que sé bien que no es poco. Y que allá donde esté, se reencuentre con sus seres queridos y tenga la paz y el descanso que tan merecidos2008-05-14_IMG_2008-05-07_22_48_01_angelina_hernandez_millares tiene tras más de cien años en este mundo.

Juan Carlos Domínguez Siemens

2 comentarios:

emiodeonlavoz dijo...

Lo siento tanto. Era un gran hombre. Lo sé. De esos que ya no abundan. Son esos abuelos especiales que dejan una enorme herencia: los valores; que es lo que importa. Mi abuela era también un personaje entrañable. Pero sólo lo podemos saber quienes los hemos tenido.
Que descansen en paz.

Anónimo dijo...

La verdad es que tanto el Abuelo como Manina eran dos personas muy especiales (en todos los sentidos).
Hicieron mucho por mi y me da mucha pena que no hayan podido conocer a su bisnieto nuevo (con la ilusión que le hacía a Manina).
En ese sentido éste es uno de los años más tristes.
Un abrazo.
Erik